Respuesta a columna de Pablo Barrientos
08.04.2026
Hoy nuestra principal fuente de financiamiento son nuestros socios. ¡ÚNETE a la Comunidad +CIPER!
08.04.2026
Señor Director:
El día 02 de abril pasado, el profesor Pablo Barrientos Saavedra publicó en Ciper una columna llamada «La “masculinidad dañada” de los atacantes escolares: una reflexión sobre lo ocurrido en Calama«, donde hace una serie de afirmaciones que, a mi punto de ver, son falaces. Utiliza pobres argumentos para atacar la figura «masculina», produciendo un ejemplo de manual de prestidigitación argumentativa y, específicamente, de la falacia de la pendiente resbaladiza. Bajo un barniz de análisis académico, el autor pretende establecer una cadena causal inevitable que simplemente no existe en la realidad, saltando de premisas sociológicas generales a conclusiones criminales extremas sin ninguna escala técnica intermedia.
El argumento de Barrientos se desliza por una pendiente peligrosa: sugiere que el mandato de «no mostrar vulnerabilidad» o el «rechazo a lo femenino» (Punto A) conduce de forma casi orgánica a una «crisis de identidad» que busca salida en la «performance ultramasculina de las armas» hasta culminar en el asesinato masivo (Punto Z). Esta estructura es falaz porque ignora los millones de contraejemplos que desmoronan su tesis: millones de hombres en Chile y el mundo han sido criados bajo modelos de masculinidad estoica, tradicional y ruda, y la abrumadora mayoría de ellos jamás ha cometido un acto de violencia, sino que, por el contrario, son quienes sostienen sus hogares, protegen a sus comunidades y respetan la ley.
Para sostener su punto, el autor incurre en otros vicios lógicos:
El reduccionismo causal: Al centrar todo el peso en la «masculinidad dañada», Barrientos trata una patología criminal —que probablemente incluya rasgos de psicopatía, brotes psicóticos o una radicalización digital específica— como si fuera una consecuencia lógica de no pedir ayuda en el colegio. Es como decir que tener fiebre conduce inevitablemente a la muerte por fallo orgánico, ignorando todas las variables biológicas y médicas que determinan el desenlace.
La caricaturización del sujeto: Se presenta la masculinidad no como un espectro humano complejo, sino como una entidad inherentemente patológica que, si se siente «dañada», se vuelve «asesina y devastadora». Esta generalización es tan absurda como culpar a la «feminidad hegemónica» de casos de infanticidio o filicidio, argumentando que la presión por ser madre conduce necesariamente al colapso criminal.
Invisibilización de factores críticos: Al forzar la realidad para que encaje en el molde de la teoría de género, se dejan de lado temas urgentes: el fracaso de los protocolos de seguridad escolar, la crisis de salud mental post-pandemia y la nula capacidad del Estado para monitorear la radicalización en nichos digitales.
Culpar a la «construcción del varón» de un asesinato premeditado es una salida intelectualmente perezosa. Es preferible atacar un concepto abstracto y de moda antes que enfrentar la perturbadora realidad de la maldad individual o la incompetencia de los sistemas de vigilancia. Mientras sigamos perdiendo el tiempo en estas pendientes resbaladizas ideológicas, seguiremos sin entender por qué un joven decide entrar a un liceo a matar, porque estaremos demasiado ocupados intentando «deconstruir» a quienes nunca han hecho daño a nadie.