¿Estamos formando docentes para las escuelas reales?
29.03.2026
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29.03.2026
Señor Director:
Lo ocurrido recientemente en un establecimiento educacional en el norte del país ha generado conmoción y múltiples reacciones. Sin embargo, más allá del impacto inmediato, este tipo de hechos debiera obligarnos a mirar con mayor profundidad las condiciones en que estamos formando a quienes deberán sostener cotidianamente la vida escolar.
En Chile, la inclusión se ha instalado como un principio incuestionable en la formación inicial docente. Planes de estudio, estándares y discursos institucionales la sitúan como un eje central. No obstante, cabe preguntarse si dicha inclusión se está abordando como un desafío pedagógico real o más bien como una declaración normativa que pocas veces se traduce en herramientas concretas para el ejercicio profesional.
La evidencia —y la experiencia de quienes transitan por la formación docente— muestra una tensión persistente: mientras se promueve la atención a la diversidad en el plano declarativo, los futuros profesores enfrentan en sus prácticas escenarios complejos para los cuales no siempre han sido preparados. Conflictos, desregulación emocional, situaciones de violencia y contextos escolares altamente demandantes forman parte de la realidad cotidiana, pero siguen siendo abordados de manera fragmentaria o tangencial durante la formación.
Esto no solo tensiona la promesa de la inclusión, sino que también expone una deuda estructural del sistema formativo: estamos formando docentes para un ideal de escuela que muchas veces no existe. En ese desfase, quienes están en formación quedan en una posición de alta vulnerabilidad profesional, enfrentando exigencias para las cuales no cuentan con suficientes herramientas pedagógicas, relacionales ni institucionales.
Relevar esta brecha no implica cuestionar la inclusión como horizonte, sino precisamente lo contrario: asumirla en su complejidad. Avanzar en esta dirección requiere ir más allá de su enunciación y hacerse cargo de las condiciones reales en que se enseña y se aprende en las escuelas chilenas.
Si queremos tomarnos en serio la inclusión, es indispensable revisar cómo estamos preparando a los futuros docentes para habitar escenarios educativos diversos, desafiantes e impredecibles. De lo contrario, seguiremos sosteniendo un discurso que, aunque bien intencionado, resulta insuficiente frente a la realidad.