Una visión de futuro para el sistema de educación superior
17.02.2026
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17.02.2026
El autor de esta columna analiza la propuesta del Consejo Asesor de la Estrategia para el Desarrollo de la Educación Superior, que le tocó presidir, estampada en el documento «La estrategia de desarrollo para la educación superior en Chile 2026-2038». Sostiene que «no es casual que los países líderes, y aquellos que se han desarrollado rápidamente en las últimas décadas, exhiban sistemas educacionales vigorosos, que se han convertido en modelos para otras sociedades. Todos ellos tuvieron también una estrategia de desarrollo nacional que concitó amplios consensos; algo que en Chile sigue siendo una deuda pendiente y, al mismo tiempo, la mejor manera de alinear los esfuerzos y salir de los juegos de suma negativa que abundan cuando lo que predomina es la inmediatez y el descontento».
Al momento de imaginar el sistema de educación superior hacia adelante es necesario comprender dónde estamos y de dónde venimos. Estamos próximos a que se cumplan 60 años desde la reforma universitaria de 1967. Si a comienzos de los 60 uno de cada cinco jóvenes terminaba la educación secundaria, hoy dos de cada cinco finalizan la educación superior. Nos ha tomado seis décadas transitar desde un sistema de educación concebido para una elite hacia una “sociedad educada”. Este logro ha sido resultado de un esfuerzo sistemático, a lo largo de sucesivos gobiernos, por ampliar las oportunidades de desarrollo educacional de las nuevas generaciones.
Anticipando ese movimiento, Jorge Millas, en “El desafío espiritual de la sociedad de masas” (1962), nos decía: “Una comunidad política ineducada no es una mala comunidad, sino una comunidad inexistente; y una educación que no lo sea para la vida en común, o mejor, para la realización intersubjetiva del hombre, no es educación en absoluto”. Como recuerda Maximiliano Figueroa (2025), para Millas el desafío reside en “encontrar para la nueva situación (la sociedad de masas) su correspondiente forma espiritual, mediante un régimen de valores, normas de contención y de empuje, jerarquía de bienes y elección crítica de rumbo”.
La estrategia de desarrollo para la educación superior en Chile 2026-2038, es el fruto de la reflexión de un consejo integrado por 46 personas que, con apoyo de una secretaría técnica y el aporte generoso de muchas autoridades y expertos, fue mandatado por el ministro de Educación y el subsecretario de Educación Superior para proponer una elección crítica de rumbo. La educación es una condición habilitante fundamental para el desarrollo humano de las personas y para el florecimiento, e incluso la sobrevivencia, de nuestra sociedad, en un mundo cada vez más interconectado y una economía global fundada en el conocimiento. La posibilidad de acceso a estas nuevas oportunidades ha permitido enriquecer la vida humana y fortalecer la agencia individual y colectiva.
En la estrategia visualizamos un futuro posible:
Lo anterior requiere la coordinación con otros sistemas, que se relacionan a la entrada y la salida o con los que el sistema de educación se superpone, y que deben alinearse estratégicamente: un sistema de I+D+i de alta productividad e impacto, motor del desarrollo productivo, cultural y social; un sistema escolar que da un salto en su calidad, donde nadie se queda atrás; un sistema de formación técnico profesional cohesionado, coordinado y permeable, que asegura la formación de las personas para enfrentar adecuadamente los desafíos económicos, tecnológicos, productivos y sociales del país; una política de migraciones estable y favorable a la atracción de capital humano avanzado; y un sistema de prospección laboral que permite que todos los sistemas educacionales respondan con prontitud y flexibilidad a los cambios en las necesidades del aparato productivo.
El avance en estos propósitos para los sistemas relacionados no es independiente de lo que puede hacer el sistema de educación superior respecto a ellos. A modo de ejemplo, respecto a la necesidad de mejorar el sistema de educación escolar, el sistema de educación superior tiene responsabilidades que nadie más puede cumplir: debe preparar a los docentes del futuro y dotar a los actuales docentes con las capacidades requeridas para dar las mejores oportunidades de aprendizaje y desarrollo a cada niño. Además, la educación superior debe apoyar la tarea de mejorar la calidad y equidad del sistema escolar a través de su investigación, donde tiene un papel fundamental en la adaptación y apropiación de las nuevas tecnologías, así como en el fortalecimiento de un sistema de mejora continua, orientado a la producción de valor público —lo que, en último término, redundará en mayores capacidades para el propio sistema de educación superior. Visualizamos un Chile que ofrece las mejores oportunidades a todos los talentos, sin desperdiciar ninguno.
En este futuro esplendor, el sector privado, los gobiernos regionales, las instituciones de educación superior y la sociedad civil colaboran para llevar adelante las estrategias de desarrollo regional, al servicio de las cuales se pone la presente Estrategia. Visualizamos un país donde la cultura, las artes y las humanidades, la ciencia, la tecnología, la economía y la sociedad florecen en cada uno de sus territorios, y donde todos sus habitantes se reconocen parte de una comunidad democrática que participa activamente en la construcción de un futuro común. Los desafíos, tanto los que provienen del medio externo como aquellos que se expresan en nudos críticos internos, son enormes, y el camino por recorrer es largo, pero sus orientaciones y rutas están delineadas en esta propuesta.
El camino para alcanzar la visión propuesta ha sido organizado en cuatro desafíos:
Cuando hablamos de nuestro futuro posible, la educación, como dice Jorge Millas, juega un papel fundamental. No es casual que los países líderes, y aquellos que se han desarrollado rápidamente en las últimas décadas, exhiban sistemas educacionales vigorosos, que se han convertido en modelos para otras sociedades. Todos ellos tuvieron también una estrategia de desarrollo nacional que concitó amplios consensos; algo que en Chile sigue siendo una deuda pendiente y, al mismo tiempo, la mejor manera de alinear los esfuerzos y salir de los juegos de suma negativa que abundan cuando lo que predomina es la inmediatez y el descontento. En pocas palabras, para construir políticas de Estado, y no solo de gobierno. Propósito al cual aspiramos haber contribuido.
Hace más de un año iniciábamos el camino de elaborar una estrategia, señalando que la educación superior necesitaba un punto de inflexión, un cambio de tendencia que permitiera hacer frente a los desafíos actuales y futuros para crear el valor público que el país necesita. El desarrollo sostenible y descentralizado al que aspiramos requería de este empeño, de una visión sistémica, de conjunto, que nos permita mirar más allá de la coyuntura y construir, sobre acuerdos sólidos, un sistema de excelencia, pertinente y orientado el desarrollo humano y al bien común.
De todos nosotros depende que el sistema de educación superior esté a la altura de los desafíos.