Prevención en salud bucal: la política pública más costo-efectiva que Chile sigue ignorando
11.02.2026
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11.02.2026
El autor de esta columna hace un llamado de atención sobre la desidia del Estado de incorporar la salud bucal dentro de las prioridades del área, algo que tendría ahorros considerables para el erario fiscal. Dice que «en un contexto de restricciones fiscales y crecientes demandas sanitarias, seguir postergando la prevención en salud bucal no es una decisión neutra. Es una omisión que encarece el sistema, perpetúa listas de espera evitables y profundiza brechas en salud. En este ámbito, la prevención no es ideología, es buena gestión pública».
Crédito imagen de portada: Karl Chinga/ Agencia Uno
Mientras Chile discute cómo reducir las listas de espera en salud, más de medio millón de personas esperan por una atención odontológica que, en muchos casos, pudo haberse evitado con estrategias de prevención temprana. Esta realidad, ampliamente conocida por quienes trabajan en el sistema de salud chileno, sigue ocupando un lugar marginal en el debate sanitario, pese a la alta prevalencia de enfermedades bucales, su impacto en enfermedades crónicas no transmisibles y su costo creciente para el sistema de salud.
La enfermedad de caries y las enfermedades periodontales afectan a la mayoría de la población adulta y comienzan tempranamente en la infancia. Se estima que el 90% de los adultos en Chile sobre los 35 años presenta algún signo de enfermedad periodontal o historia de enfermedad de caries. Sin embargo, las políticas públicas en salud bucal continúan enfocándose mayoritariamente en la atención tardía, fragmentada y poco eficiente del daño ya instalado, en lugar de priorizar estrategias preventivas de alcance poblacional.
Desde una perspectiva de gestión sanitaria, esta omisión resulta difícil de justificar. La evidencia científica es consistente en mostrar que las enfermedades bucales no solo generan pérdida dentaria, dolor crónico y deterioro de la calidad de vida, sino que además se asocian a patologías de alto costo para el sistema, como diabetes mal controlada, enfermedades cardiovasculares y complicaciones en adultos mayores. Ignorar la prevención en salud bucal implica, en los hechos, aumentar el gasto futuro del sistema de salud y profundizar inequidades evitables.
El diseño actual de las prestaciones odontológicas en el sistema público privilegia la resolución del daño por sobre la prevención efectiva y la continuidad del cuidado. Esto se traduce en tratamientos más complejos y costosos, mayor uso de recursos humanos altamente especializados y resultados sanitarios subóptimos. En términos simples, se gastan más recursos para llegar tarde.
Las consecuencias de este enfoque se reflejan con claridad en las listas de espera. Hoy, la odontología concentra una de las mayores acumulaciones de casos pendientes dentro del sistema público, con cientos de miles de personas esperando una atención. En especialidades como rehabilitación oral, ortodoncia, endodoncia o cirugía maxilofacial, los tiempos de espera superan con facilidad los siete meses, período durante el cual las condiciones clínicas tienden a agravarse, encareciendo aún más su resolución. Esta situación no es una anomalía del sistema, sino el resultado predecible de un modelo centrado en lo curativo y no en la prevención.
Una política pública orientada a la prevención temprana, la educación en salud bucal y el control periódico sería altamente costo-efectiva. No solo reduciría la necesidad de tratamientos complejos, sino que además evitaría que miles de personas ingresen innecesariamente a listas de espera que el sistema no logra resolver con oportunidad. Desde el punto de vista fiscal, invertir en prevención no constituye un gasto adicional, sino una estrategia concreta de contención del gasto sanitario en el mediano y largo plazo.
Asimismo, la salud bucal representa una oportunidad concreta para mejorar la eficiencia global del sistema mediante una mejor gestión de recursos. Programas preventivos bien diseñados permiten un uso más racional del capital humano, fortalecen la atención primaria, reducen listas de espera y disminuyen la presión sobre la atención secundaria y terciaria. No obstante, avanzar en esta dirección requiere modificar los incentivos actuales, que continúan privilegiando la prestación curativa episódica por sobre la prevención y la continuidad del cuidado.
Chile necesita incorporar la salud bucal al centro de su estrategia sanitaria, no solo como un problema clínico, sino como una decisión de política pública basada en evidencia, eficiencia y sostenibilidad. Avanzar hacia un enfoque preventivo, con metas claras, financiamiento adecuado y mecanismos de evaluación, permitiría mejorar los resultados en salud, reducir desigualdades y hacer un uso más responsable de los recursos disponibles.
En un contexto de restricciones fiscales y crecientes demandas sanitarias, seguir postergando la prevención en salud bucal no es una decisión neutra. Es una omisión que encarece el sistema, perpetúa listas de espera evitables y profundiza brechas en salud. En este ámbito, la prevención no es ideología, es buena gestión pública.