Luego de Davos, ¿es Mark Carney el nuevo líder del orden global?
30.01.2026
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30.01.2026
El mundo recibió con cierto entusiasmo el discurso en Davos del primer ministro canadiense, Mark Carney, quien con elegancia y profundidad se enfrentó dialécticamente al atropellador Donald Trump. Sin embargo, para el autor de esta columna «Carney dio un discurso certero en Davos porque señaló con precisión que el orden global está en un momento de ruptura por culpa de la actitud de bully de Trump. Pero no nos engañemos: las sociedades del Sur Global vienen denunciando el bullying del Norte Global desde hace décadas. Si Canadá y los países europeos quieren inaugurar un nuevo orden, en este momento de ruptura, que recupere los valores de seguridad colectiva basados en reglas, entonces deben hacer un autoexamen y asumir que ellos mismos quebraron ese orden cuantas veces les fue necesario para preservar sus estilos de vida imperial».
Créditos imagen de portada: www.weforum.org
El 21 de enero, en el marco del Foro Económico Mundial, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, pronunció un discurso que ha dado mucho que hablar. El Foro Económico es una instancia de reunión y conversación que se realiza todos los años desde 1971 en la localidad suiza de Davos. La organización no gubernamental Foro Económico Mundial es la organizadora y su asamblea anual es este foro ya ampliamente conocido. No es exactamente un foro de activistas sociales y medioambientales; de hecho, a comienzos de este siglo se creó el Foro Social Mundial como contraparte del Foro de Davos. Es básicamente un espacio de reunión para la élite global en el marco del consenso neoliberal.
En ese contexto, la asamblea anual de este año ha dado mucho que hablar. Donald Trump, en su típico estilo estridente, exagerado, mentiroso e irrespetuoso, dio un discurso que debería haber durado 45 minutos; terminó durando más de una hora. Luego de un año de su segundo mandato, nos tiene acostumbrados a este tipo de acciones; aun así, sigue incomodando, fundamentalmente, a sus socios europeos, que no solo ven con malos ojos su falta de respeto y chabacanería, sino que su discurso y sus actos representan un verdadero peligro para la alianza occidental de defensa mutua, la OTAN.
La sociedad de EE.UU. con Europa Occidental es consecuencia de la devastación de las dos guerras mundiales y de la constatación de que el peligro para estas sociedades era la Unión Soviética. Una vez que terminó la Guerra Fría y la URSS colapsó, la OTAN perdió, en parte, su razón de ser. Sin embargo, ambas partes decidieron mantener la organización. Con la creación de la Unión Europea, los países europeos miembros debieron haber creado una estructura de defensa mutua, con una política internacional y de defensa propia. En vez de eso, prefirieron mantener la alianza con los EE. UU. Un poco más de 30 años después, podemos decir que Europa aceptó el vasallaje hacia los Estados Unidos, una decisión equivocada a todas luces, pero que evidentemente no podrían haber vaticinado en ese momento.
Hoy, año 2026, con Trump en el poder y con su alianza con los señores tecnofeudales de Silicon Valley, sumado al arrollador crecimiento de China y la guerra en Ucrania, Europa se siente huérfana. En ese escenario, el primer ministro de Canadá señaló en Davos que estamos en un momento de ruptura. Agregó que no estamos en un periodo de transición. Lo que constata Carney es que estamos en un momento de quiebre: el viejo orden liberal, basado en las reglas y la seguridad colectiva, se acabó. Ahora, claro, Canadá no es un país europeo, pero en este momento de ruptura, como señala su primer ministro, este país norteamericano se siente más cercano a Europa que a su vecino del sur. El antiguo socio respetuoso y poderoso ahora es un bully cada vez más desagradable. Para canadienses y europeos, las cosas eran relativamente claras: ellos eran los ordenados y sofisticados, mientras que EE.UU. era el socio con plata y musculatura, pero chabacano y estridente. Bueno, eso ya se acabó y hay que adaptarse.
El asunto es que el discurso de Carney es certero, valiente y preciso, pero no es novedoso. En el Norte Global estaban esperando un líder así, al parecer, pero no es el líder del mundo libre como quieren algunos hacerlo ver. No nos engañemos: el orden liberal basado en reglas siempre sirvió a las sociedades del Norte Global. Para los países del tercer mundo esas reglas no aplicaban. Cuando se inauguró la conferencia de países de África y Asia en Bandung en el año 1955, uno de los reclamos de estos países, antiguas colonias europeas, era que las reglas de la comunidad internacional no se estaban aplicando de forma democrática para todos. Uno de los 10 puntos de su declaración final era el respeto para la soberanía y la integridad territorial de todas las naciones y otro era el reconocimiento de la igualdad de todas las razas y de todas las naciones, grandes y pequeñas. Lo que estaban haciendo estos países recién descolonizados era demandar que los principios de la Ilustración, principios que hoy se denominan liberales y que regían las relaciones internacionales entre países civilizados, no regían la relación entre Occidente y el Tercer Mundo.
El Tercer Mundo, que nació en 1955 y fue ampliándose sucesivamente, fue un foro que demandaba justicia internacional, una distribución más justa de los recursos y la paz global basada en el respeto de todas las razas y clases. El foro de Davos es una de las instancias creadas por las élites del Norte Global para contrarrestar las demandas de justicia global del Tercer Mundo.
Las sociedades europeas mantuvieron un estándar de vida alto: no necesitaban preocuparse por su seguridad, eso lo hacía la Alianza Atlántica. El proceso de desindustrialización y tercerización que comenzó en los años 70, luego de la crisis del petróleo de 1973 y ante la inflación que no daba respiro, significó la financiarización de las economías del Norte. Para el sociólogo alemán Stephan Lessenich, lo que se fue desarrollando en estos años fue una externalización de los efectos negativos de este modo de vida occidental. Las sociedades del Norte Global son prósperas, pero para que ese estilo de vida se mantenga así, alguien más debe sufrir las externalidades.
El cambio climático conlleva calentamiento global y aumento de los niveles del mar, eso lo sufren mayoritariamente las sociedades del Sur Global. Para Ulrich Brand y Markus Wissen, a eso se le puede denominar Modo de Vida Imperial: las sociedades prósperas del Norte pueden mantener ese estándar de vida sobre la base del sufrimiento de otros.
A pesar de la convicción científica de que no existen las razas humanas, el racismo perdura. Hoy, muchas veces escuchamos a gente que defiende sus prejuicios raciales sobre la base de elementos culturales. Por ejemplo, es típico que el racista actual diga: “No soy racista, pero… no me gusta cómo hablan, no me gusta su música, me carga que sean tan ruidosos, etc.”. El hecho de decir “no soy racista, pero…” es una manifestación de racismo, pero además se justifica señalando una serie de aspectos de la cultura del otro que los hacen despreciables. Pues bien, en las sociedades del Norte Global este tipo de racismo es bastante normal, el modo de vida imperial se manifiesta en que los miembros de estas sociedades se dan el lujo de menospreciar a los miembros de las sociedades del Sur Global, mientras que son esos sujetos quienes posibilitan que sus estatus de vida sean altos. Ellos sufren mayoritariamente las externalidades negativas del modelo económico.
Líderes como Thomas Sankara, de Burkina Faso, que en los años 80 denunció el imperialismo francés y fue asesinado por ello, son quienes vienen denunciando estos procesos desde hace décadas. El actual presidente de ese país africano, Ibrahim Traoré, sigue los mismos pasos que Sankara: ha denunciado la hipocresía de Occidente y quiere reemplazar el sistema monetario heredado del colonialismo, desplazando el Franco CFA como moneda, lo que evidentemente lo pone en colisión con Europa.
El destacado intelectual palestino Edward Said, en su libro Cultura e Imperialismo, señala que las voces del Tercer Mundo siempre estuvieron ahí, solo que los colonialistas no las escuchaban, no podrían haberlas escuchado, porque no estaban dispuestos a entender que los colonizados podían decir algo que no fuera lo que el colonialista les dijera que debían decir. Mark Carney dio un discurso certero en Davos porque señaló con precisión que el orden global está en un momento de ruptura por culpa de la actitud de bully de Trump. Pero no nos engañemos: las sociedades del Sur Global vienen denunciando el bullying del Norte Global desde hace décadas. Si Canadá y los países europeos quieren inaugurar un nuevo orden, en este momento de ruptura, que recupere los valores de seguridad colectiva basados en reglas, entonces deben hacer un autoexamen y asumir que ellos mismos quebraron ese orden cuantas veces les fue necesario para preservar sus estilos de vida imperial.