Educación pública: cuando quienes deciden están desconectados del territorio
29.01.2026
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29.01.2026
Señor Director:
Los acontecimientos ocurridos en la educación pública en el último tiempo han generado un profundo descontento ciudadano. Un malestar y una disonancia que se sustentan en la brecha entre las expectativas y los resultados de los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP), en despilfarros groseros que han tenido amplio eco en los medios, en egos, sesgos políticos y despidos masivos de docentes. Frente a este escenario, cabe hacer una pausa, reflexionar y formular una pregunta clave: ¿cómo se están eligiendo hoy los altos cargos públicos en educación?
En un rubro donde hay que ser profundamente humanos, al parecer no hay humanidad en cómo los están eligiendo. Lo que están demostrando algunos altos cargos es una desconexión con la realidad territorial, lo que los conduce a no comprometerse con cambios significativos para las comunidades, como si, inconscientemente, una voz les dijera que solo están de paso, así que disfrutemos lo más posible de los recursos y que otro lo arregle.
Si queremos mejorar la educación, se debe saber elegir bien a quienes tomarán las decisiones, partiendo por centrarse en entender que no basta con saber la definición y tecnicismos, sino que también hay que comprender en qué consiste un ecosistema educativo y, por sobre todo, haberlo vivido. Es la única manera de hacer un trabajo que realmente permita pensar en cuáles son las herramientas idóneas para proporcionar una educación inclusiva, equitativa y de calidad.
Casos de desconexión con Chile y el territorio que generan descontento se evidencian en situaciones como la de un querido profesor en Curicó, quien logró disminuir la inasistencia y que, pese a las solicitudes de la comunidad educativa, no fue considerado y terminó siendo desvinculado.
Otro ejemplo se observa en los elevados costos de los pisos en edificios de lujo donde se están instalando las oficinas de los SLEP. ¿Me van a decir que no existen edificios o colegios públicos desocupados que puedan adaptarse? Evitar este tipo de gastos sería una señal clara de una preocupación real por la forma en que se están utilizando los recursos. Todo esto ocurre y seguirá ocurriendo porque quienes dirigen no conocen la realidad y, lo que es peor, todo indica que tampoco la quieren conocer.
Por eso, la clave para que las proyecciones en educación pública funcionen radica, además de las políticas que se instauren, en que las personas encargadas de llevarlas a cabo sean las más idóneas.
Existen muchos profesores profundamente comprometidos con la educación y con una clara vocación de servicio, que poseen las competencias técnicas necesarias, aun cuando en muchos casos no cuenten con posgrados. Sin embargo, cuentan con trayectorias profesionales destacadas y, lo que es más relevante, conocen la realidad de sus territorios, los códigos culturales de sus comunidades y saben cuáles son las urgencias que requieren solución.
En este sentido, ¿no sería más lógico y simbólico conformar una terna, seleccionar a tres docentes destacados y someterlos a elecciones democráticas para que sean elegidos por sus propias comunidades? De este modo, se reduciría la percepción de centralismo, aun cuando actualmente los cargos se asignen mediante concursos públicos.
Imaginen el impacto que tendría este mensaje de movilidad profesional para las y los profesores, el fortalecimiento del sentido de pertenencia de las comunidades educativas al saber que sus líderes fueron elegidos por ellas mismas. Incluso los casos de corrupción podrían detectarse con mayor rapidez, ya que existiría un monitoreo colectivo derivado de un mayor involucramiento. Así, sería posible construir políticas desde el territorio y para el territorio, sin dejar de respetar los lineamientos nacionales. Porque mejorar la educación chilena comienza, precisamente, en las personas, en los detalles y en lo detallistas de las personas.