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Comentarios (3)

Camilo Godoy | 10.08.2020
Concuerdo con Daniela, en cuanto a la pertinencia que prestan estos programas. Comparto lo que planteas, Sebastián, en cuanto a la necesidad de reformular en pos de un enfoque retributivo, que entienda esta retribución desde el cambio social. Creo que las preguntas que planteas no son banales y nosotros intentaremos posicionarlas desde los espacios de representación correspondientes. A la interna, hay una fuerte disputa con los sectores del gobierno, que buscan dirimir entre cuatro paredes cuáles deben ser las áreas prioritarias, los temas de relevancia y los enfoques. Como sociólogo, también quisiera que dentro de los criterios de evaluación y selección pudiéramos considerar criterios regionales -a nivel latinoamericano- en pos de la integración continental. Brasil es un gran ejemplo de esto, con la USP, que en ciencias sociales es buenísima. Lamentablemente, al día de hoy, todo está pensado para migrar al mundo anglosajón. De todos modos, es importante dar estos debates y nosotros los seguiremos posicionando, esperando que el gobierno también ponga de su parte. Gracias a los dos por las reflexiones y comentarios.
Sebastián Ponce | 06.08.2020
Me parece que la pertinencia y alcance de la discusión tiene que ver con un campo de académicos y científicos muy reducido, en términos de interés público. Como un postulante desde la sociología, varias veces fallido de las becas chile de master en el extranjero y a nivel nacional, me parece muy cuestionable los criterios de elegibilidad de los postulantes y por sobre todo, la vinculación de esta política y una estrategia de desarrollo económico nacional (cuestión que no tiene que estar en manos de un grupo de científicos). Los criterios de elegibilidad vinculados a rankings internacionales en dónde básicamente las instituciones de Estados Unidos lideran (e inventan) van en directo detrimento de las universidades de nuestro subcontinente y de instituciones que se han resistido a entrar en lógicas de producción de conocimiento neoliberal, pero que, constituyen espacios de aprendizaje de primera linea, detentando en muchas ocasiones conocimientos mas pertinentes y situados que instituciones de mejor posición (La universidad de Buenos Aires por nombrar un referente en sociología). Siendo casi imposible poder postular a ello, si a Harvard o a instituciones del Reino Unido. Como punto paralelo, se encuentra el extraño criterio de los programas de formación de capital humano de poder financiar programas internacionales con aranceles que doblan o triplican a los programas nacionales, mientras que en las becas nacionales existe un tope bastante exiguo para los valores de esta fascinante educación de mercado nacional. Otro criterio tiene relación con establecer criterios de elegibilidad en donde prima la producción académica (no valorando en lo mas mínimo el impacto social de un profesional ligado a organizaciones sociales sin fines de lucro o en el sector público), teniendo en cuenta las exiguas plantas de académicos presentes en las universidades pertenecientes al CRUCH (sin mencionar al staff de investigadores que básicamente son inexistentes en el área de ciencias sociales). Esta cuestión es exponencial en la medida que se sale de las universidades que detentan el mayor nivel de adjudicación de fondos de investigación (PUC y UCH), en donde la situación bordea lo miserable (con cuerpos rotativos de profesores taxis que varían año a año en pregrado, sin ninguna estabilidad laboral que permita sostener proyectos institucionales). Teniendo en cuenta además que las disciplinas sociales tienen el doble perjuicio ya que, en Chile, la mayoría de los recursos de investigación se van a las ciencias biológicas. Otro aspecto que se suma a poca valoración de los criterios socio económicos para la adjudicación de becas (han sido evidentes los casos en que familiares de reconocidos miembros de la elite política y económica que se han adjudicado becas de estudios en circunstancias que, podrían haberlas pagado por sus propios medios). Estas condiciones materiales nos tienen en una constante situación de tener profesionales sobre calificados con estudios de posgrado, sin posibilidad de ejercer como docentes o investigadores en universidades, sin puestos laborales dentro de la administración del estado central, regional y municipal (las municipalidades son parte del estado por si no lo sabían), teniendo que migrar al sector privado en áreas muy particulares y también precarias. Señalar esto, mas que dar cuenta de la falta de puestos laborales, pretende visibilizar la carencia de profesionales en diversas áreas del estado de Chile, sobre todo en el área municipal (caracterizado por utilizar al cuerpo funcionario como un botín político que responde muy poco a competencias profesionales y técnicas (tan necesarias en los rincones mas alejados del país). Las pedestres preguntas que me surgen de esta discusión profundamente política (para que esto no parezca solo una transmisión de emocionalidad) tienen que ver con los objetivos estratégicos de esta política de formación de capital humano ¿para servir a quién estamos formando profesionales especialistas? ¿para formar al futuro ministro de hacienda en Harvard o en la escuela de negocios de Londres? ¿estamos formando a los profesionales necesarios para impulsar una real descentralización del país? ¿estamos formando profesionales para mejorar nuestra respuesta social a los terremotos y tsunamis, para prevenir incendios forestales? ¿estamos formando con dinero estatal a los investigadores que le darán mas nombre a una universidad que pertenece al estado vaticano o estamos formando a profesionales que puedan resolver los problemas de contaminación ambiental, que ayuden a combatir el cambio climático, nos ayuden a abandonar definitivamente la matriz de los combustibles fósiles (energías que no producimos)? ¿estamos formando profesionales para las clínicas privadas, economistas para multinacionales, gerentes mas eficientes, promotores inmobiliarios o profesionales comprometidos que sean masa crítica en todas las ciudades y pueblos de Chile y que no tengan que migrar de sus tierras a engrosar las filas del ejército de reserva que a duras penas sobrevive en la Región metropolitana? Estas discusiones tan emocionales de grupos de académicos con grupos de académicos, tan de moda en estos tiempos en que, mas que nunca la educación y la universidad están cuestionados como espacios de construcción de conocimiento, solo van reforzando una imagen del poco valor social que tiene este dispositivo cultural en estos tiempos de cambio y por supuesto, la carencia absoluta de una estrategia de desarrollo articulada del estado de Chile a lo largo de los últimos 40 años. Con la premisa "que el mercado regule todo" seguiremos teniendo astrónomos, doctores en sociología, ingenieros hiperespecialistas manejando uber mientras no sabemos nada de nuestra gente, de nuestros ecosistemas, de nuestros vecinos, de nuestra soberanía, de nuestra historia; vendiendo piedras picadas, desvastando valles, mares y vidas, muchas vidas, nuestras vidas, mi vida.
Daniela | 06.08.2020
Muy buena respuesta y muy buenos argumentos a diferencia de la columna a la cual responde. Sin becas en el extranjero nos quedamos sin expertos que puedan fortalecer la academia en Chile. Esperemos que el gobierno entienda que debe retomar la política de Becas Chile de magister en el extranjero y no la elimine o arruine implementando créditos
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